NOTAS DEL EDITOR

NOTAS DEL EDITOR

Dr. Jairo L. Hernández U.
DIRECTOR-GERENTE
LADIMICA

La resistencia bacteriana en Venezuela resulta tan apremiante como una enfermedad cualquiera. Los escasos recursos económicos de las personas, la ausencia de un cuerpo legal que controle eficazmente la venta de antibióticos, las particularidades de los pacientes y de las instituciones médicas, y los reportes errados o poco verificados de muchos especialistas, constituyen variables decisivas en el tratamiento de este problema. Dicha resistencia no es un fenómeno de reciente aparición. Así lo demuestra el artículo “Resistencia Bacteriana en Venezuela. Nuevos hallazgos”, publicado en la Revista de la Sociedad Venezolana de Microbiología (Vol. 20, N° 1: 58-63, Caracas, Enero de 2000), según el cual “desde 1986 aparecen los primeros reportes donde se comprobó la existencia de 21,9% de Streptococcuspneumoniae con sensibilidad disminuida a la penicilina”. En esa misma publicación médica se hace referencia a un estudio multicéntrico de 70 cepas de S. pneumoniae realizado en 1996 en Caracas y Valencia, según el cual 43% de esa muestra presentaba sensibilidad disminuida a la penicilina, 3% de ellas con resistencia elevada.

Antes de suministrar antibióticos, el médico tratante debe consultar los resultados microbiológicos de la infección a la cual se enfrenta. De allí que estos estudios requieran de rigurosidad, exactitud y control. Desde 1988, Venezuela cuenta con un sistema de vigilancia propio e independiente, y en los últimos años las políticas estatales también se han hecho sentir. En medio están la industria farmacéutica, renuente a crear otras drogas, y la sociedad, empeñada en abusar de estos medicamentos. Mientras más elevados sean los índices de resistencia bacteriana, mayores serán los riesgos de padecer enfermedades de forma prolongada, de gastar más en tratamientos clínicos e incluso, de morir. Desde el punto de vista estrictamente biológico y sanitario, no tenemos como tratar a los pacientes, es decir, somos menos efectivos con los antibióticos que tenemos para tratar las mismas enfermedades, y en algunos casos, hay bacterias que son resistentes a todos los antibióticos.

El incremento de pacientes con enfermedades infecciosas de difícil curación no se restringe al ámbito de las instituciones médicas, se puede fracasar en el tratamiento de este tipo de patologías tanto en pacientes hospitalarios como en los que están en su casa. A demás de las fallas clínicas y terapéuticas, está el impacto económico. La falla terapéutica aumenta los días de hospitalización y las complicaciones, la necesidad de exámenes paraclínicos adicionales y el cambio a una terapéutica adecuada de forma tardía, procesos que resultan bastante engorrosos.

Esta situación influye directamente y de manera negativa en el tratamiento de enfermedades comunes, y recae en la responsabilidad directa de todo el equipo de salud, desde el Medico en torno a la prescripción adecuada de los antimicrobianos, como en el Bioanalísta y el Farmacéutico en la evaluación microbiológica pertinente y la dispensación precisa y responsable del medicamento.

Desde 1992 los Farmacéuticos venezolanos han desarrollado investigaciones en el área microbiológica con el fin de solventar esta difícil problemática. Es así como en la Facultad de Farmacia y Bioanálisis de la Universidad de Los Andes el Dr. León Hernández y su equipo constituye el Laboratorio de Vacunas Humanas, institución dedicada al desarrollo de productos biológicos con fines terapéuticos en infecciones bacterianas multirresistentes.
El programa Inmunoterapéutico de Autovacunas es una herramienta útil y efectiva en la lucha de estas infecciones, y tiene aplicación en múltiples enfermedades respiratorias como en infecciones de piel y tejido e infecciones de tracto urinario.

Tomado de http://vitae.ucv.ve/pdfs/VITAE_2656.pdf por Vanessa Ortiz.